Y atiborrada
e impaciente estaba
La ceniza
vuela entre vientos de ciudad
Una
llamarada de fuego se apacigua con el tiempo
Pálidas manos
de ensueño
Cruel encanto
que persuade la fragilidad de tu suelo
Al
destello de fervientes amantes
Errantes
como almas suicidas
De memorias
inauditas
Brizna de
silencio que apacigua el alba
Contemplando
murmullos y el sollozar de pájaros hambrientos
Ahora siento,
ahora pienso: cuanta verdad en su poesía
De marchita hipocresía
Al susurro
de inefables surcos y eterna melodía
Amar sin
tiempo, amar a destiempo.
Irrisorio
encuentro
Puñado de
versos
Al sutil
cortejo
Vanidad de
corazones apabullados
Por secretos
de otoños incesantes
Al blues
de hojas color ocre.
Mientras la escoba corría la hojas secas de aquel árbol de la vereda, aparece acompañado e impulsado por el viento un papel de diario con el rostro de la hermosa Mercedes Sosa quien en breves lineas parece confesar su humilde posición política: "Jamas voy a ser una mujer de derecha". Al transcurrir unos instantes, la mirada confusa hacia la nada. Retomo la lectura de mi libro :
Estación amanecer
Compañeros esta huelga nos sube nuevamente
al tren de la historia
Ya nunca más en las hornacinas donde el poder nos colocó
para inciensarnos como a santos llamándonos
apóstoles lirios del campo maestros por vocación
Abrazados a un destino manifiesto de humillados y ofendidos
fuimos una extraña raza de trabajadores
Llevamos maletas aún precarias
Todavía nos embriaga la espontaneidad
y tenemos a los niños que gritan: "El emperador va desnudo"
Aún somos novatos en esta pelea contra la hidra de mil cabezas
pero hemos saltado al tren de la historia
Ahora reconocemos como nuestros los dolores de los piqueteros
de las madres villeras de los despojados de la fiesta
de los adolescentes desesperados que se hundieron en la noche
de todos los que con manos puras edifican la luz
idéntica al sol que con libros y pizarrones
dibujamos en la escuela
¡ Y hemos encontrado viajando con nosotros
tanto hermoso rostro del ayer!
A nuestro costado va Marina Vilte, la heroica torturada
cantándonos una copla que habla de la esperanza
y el maestro Arancibia asesinado en Tucumán
mira por la ventanilla el horizonte que viene clareando
¡Ah! ya nada detiene nuestra marcha junto al pueblo
ahora que somos viajeros en el tren de la historia
y el silencio de las tizas acelera la locomotora
que jubilosa avanza hacia la ESTACIÓN AMANECER
T. Leonardi Herran
T. Leonardi Herran
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